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Trayectoria

Juan Peña Fernández, “EL LEBRIJANO” para el arte, nace en Lebrija (Sevilla) en 1941, en el seno de una familia gitana y flamenca; entendiendo por ésta a una estirpe en la que la música flamenca es el fundamento esencial de una forma de ser y estar en la vida. Aunque en esta familia todos sus componentes se expresan o bien con el cante, el baile o el toque (guitarra, percusión o piano), algunos se profesionalizan y llegan a escribir fundamentales páginas en la historia del arte flamenco, como Perrata y Perrate, Fernanda y Bernarda de Utrera, Bambino, Turronero, Gaspar de Utrera, Miguel Funi, Diego del Gastor, Pedro Peña, Pedro Bacán o Dorantes, entre otros.

Curiosamente, El Lebrijano comienza su andadura profesional, con tan sólo 17 años, tocando la guitarra en un espectáculo de La Paquera de Jerez. Sin embargo esta faceta duraría poco, ya que por enfermedad de un cantaor, tuvo que suplirlo y a partir de ahí, el cante fue y sigue siendo su santo y seña, y al que se entregaría por completo.

Una vez terminada la gira, se contrata en el tablao “La Venta de Antequera” y de aquí el salto a Madrid para trabajar en “El Duende” y, posteriormente en “Los Canasteros” con Manolo Caracol. Allí lo escucha Antonio Gades y decide integrarlo en su compañía, con la recorre medio mundo; y más tarde con la de Manuela Vargas. A partir de aquí, El Lebrijano decide caminar en solitario.

Su primera grabación fue “Juan Peña El Lebrijano” (Columbia-1963) a la que siguieron 9 singles más hasta llegar a su primer LP “De Sevilla a Cádiz” (Columbia-1969), que supuso su gran puesta de largo en el flamenco. Con esta obra, El Lebrijano anunció al mundo la llegada de un artista. Por estas fechas, los festivales flamencos están en su esplendor y Juan se prodiga por toda la ruta de los mismos. Su manager era Juan Antonio Pulpón y juntos recorrieron toda la geografía española.

Al mismo tiempo, su creatividad está en plena efervescencia y no deja de parir obras de arte: “La palabra de Dios a un gitano” (Philips-1972), donde acerca por primera vez el mundo sinfónico y voces corales al flamenco. Esta obra viene a resultas de una promesa que había hecho después de haber pasado una época delicada con sus cuerdas vocales.

Más tarde vino “Persecución” (Philips-1976), un hito musical y social con el que descubre al mundo y a los propios gitanos las aberraciones que los poderes de distintas épocas en España tuvieron con este pueblo.

En 1979, vuelve a sorprender a todos y, en un intento de dignificar su música, abre por primera vez las puertas del teatro Real de Madrid al flamenco. De aquí su disco “Flamenco en el Teatro Real” (Philips-1979).

En su siguiente trabajo discográfico vuelve a la reivindicación social a través de la figura de Cristo y los Evangelios, en colaboración conjunta con otras dos grandes figuras de la música de nuestro país: Rocío Jurado y Manolo Sanlúcar. La obra se tituló “Ven y Sígueme” (RCA-1982) y tanto en su contenido musical como en el mensaje humano que transmite está rebosante de belleza.

Pero la capacidad creativa de El Lebrijano no tiene respiro y su próximo reto está al otro lado del Estrecho: la llamada música Andalusí. Meses de estudio y trabajo con una orquesta árabe que se trajo a su casa para ahondar en los posibles vínculos de conexión entre dos culturas primas hermanas. El resultado, “Encuentros” (Ariola-1985).

Sin embargo, los artistas tienen que pagar su canon de atrevimiento y visión avanzada del resto; y Juan lo pagó caro con críticas injustificadas de los llamados puristas que necesitan su tiempo para comprender y, entre tanto, no perdonan. Ahora parece que no está tan mal visto las incursiones en otras músicas; para el primero todas las tortas. A pesar de todo, El Lebrijano no se amilana y realiza dos nuevos discos de comunión Andalusí: “Casablanca” (EMI-1998) y “Puertas Abiertas” (Senador-2005). Entre tanto, España y concretamente Sevilla se preparan para celebrar el V Centenario de la llegada de los españoles a América, y, por supuesto, El Lebrijano quiere aportar su música e este magno evento. Así surge “¡Tierra!” (Ariola-1989) en la que, con libreto del escritor Caballero Bondad, cuenta la travesía de aquellos intrépidos aventureros que se embarcaron rumbo a lo desconocido.

Otra obra fundamental en El Lebrijano es “Lagrimas de Cera” (EMI-1999). Este es un trabajo con el fundamento de la Semana Santa andaluza. Cuando todos los cantaores habían afrontado este hecho con la Saeta como vehículo transmisor, Juan Peña lo hace desde la variedad de las músicas flamencas y la argumentación de sus propias vivencias. Vuelve de nuevo a utilizar voces blancas con un coro búlgaro. Nueva sorpresa del El Lebrijano y descoloque para muchos.

Y así, mientras continúan apareciendo compilaciones de su extensa discografía, llega su última propuesta “Cuando Lebrijano canta, se moja el agua” (Rosevil-2008) para rendir homenaje al gran escritor Gabriel García Márquez que dejó escrita esta leyenda en honor al músico de Lebrija y como reflexión para la historia del flamenco. Por su parte, Juan recurre, con la ayuda del escritor Casto Márquez, a sus más grandes conocimientos musicales de flamenco para cantar la prosa del Nobel colombiano.

El Lebrijano cuenta con innumerables premios y distinciones. A destacar, la Medalla de Andalucía (1986), otorgada por el gobierno andaluz y la Medalla del Trabajo (1999), otorgada por el gobierno de España. En Abril de 2010 ha sido galardonado en la categoría de música en los III Premios de la Cultura Gitana.

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